Durante gran parte del siglo XIV los papas vivieron no en Roma sino en Aviñón, y construyeron para probarlo — el Palacio de los Papas, el mayor palacio gótico del mundo, ocupa aún la roca sobre el Ródano como una fortaleza que resulta ser una corte. La ciudad entera tras sus murallas creció para servirlo.
I. El palacio y la roca
El palacio es dos palacios en uno — la austera ala vieja y la gran ala nueva — salas inmensas, capillas y las cámaras privadas de los papas con sus escenas de caza pintadas. Suba más allá, al Rocher des Doms, el jardín en la altura, por el río, el puente y las colinas de los Alpilles desplegadas abajo.
«Construyeron una fortaleza y la llamaron corte, y gobernaron la Iglesia desde el Ródano.»
II. El puente de la canción
Bajo las murallas, el Pont Saint-Bénézet — el pont d’Avignon del corro infantil — avanza hasta media corriente del Ródano y se detiene, sus arcos llevados por las crecidas hace siglos. Quedan cuatro ojos, una minúscula capilla en uno, y la canción sobrevive al puente: todos bailan en él, nadie lo hizo nunca del todo.
III. El festival y la puerta del Sur
Cada julio el Festival de Aviñón hace de la ciudad la capital del teatro francés, el patio del palacio su mayor escenario. El resto del año Aviñón es la puerta del Sur — TGV desde París, y luego el Luberon, los Alpilles y los viñedos de Châteauneuf-du-Pape a menos de media hora.