Allí donde el Rhône desemboca en el Mediterráneo, un delta de sal y de arroz, de jinetes y de garzas, y un horizonte que se abarca de una sola mirada.
Caballos blancos, toros negros y mil kilómetros cuadrados de marisma. Una mañana con los manadiers que guardan la Camargue tal como siempre ha sido.
Una reserva donde el flamenco rosa anida por millares — mejor al amanecer, cuando el agua aún es un espejo.
El puerto cruzado de San Luis, un cuadrado perfecto de murallas surgido de las marismas saladas.
Bayo al nacer, blanco de adulto — la pequeña raza antigua que los gardians montan aún para conducir los toros.
Cada mayo, los romaníes de Europa llevan a Sara la Negra al mar — la fiesta más conmovedora del Sur.
Montañas de fleur de sel y lagunas que viran al rosa — un paisaje que parece pintado a mano.
Kilómetros de arena vacía al final de una pista — el Sur de antes de que el Sur fuera descubierto.