Èze se aferra a un cono de roca entre Niza y Mónaco, a cuatrocientos veinte metros en vertical sobre el mar. Ninguna calle que un coche pueda usar — solo escaleras de piedra, pasajes abovedados y una única subida que se enrosca hasta un castillo en ruinas, en la cima. Visto desde abajo, parece menos un pueblo que un nido de golondrina.
I. La subida a través del pueblo
Entre bajo la puerta del siglo XIV y suba. Las callejuelas se enroscan entre casas color miel, talleres de artesanos y la pequeña iglesia Notre-Dame-de-l’Assomption, hasta que la roca se acaba y sobre usted no queda más que el cielo. Venga temprano: a media mañana los autocares de la costa llenan los peldaños.
«En Èze no hay terreno llano — siempre se sube hacia el mar o hacia el cielo.»
II. El jardín en la cima
Donde se alzaba el castillo, el Jardin Exotique derrama hoy cactus y agaves por la roca, salpicado de figuras de piedra vueltas hacia el mar. La vista abarca todo el arco de la costa — Cap Ferrat abajo, el Estérel difuminado al oeste, y en días claros Córcega, una sombra en el horizonte.
III. El sendero que subía Nietzsche
Desde el pueblo, un sendero empinado se despeña hacia la orilla, en Èze-sur-Mer. Es el camino de Nietzsche, llamado así por el filósofo que lo subía mientras componía parte de Así habló Zaratustra. Cuarenta y cinco minutos empinados entre pinos y retamas, y la mejor vista gratuita de este tramo de costa.