Las Alpilles son un pequeño macizo de larga memoria — griego y romano en Glanum, medieval en Les Baux, y marcado para siempre por el año que Van Gogh pasó pintando los olivares desde la ventana de su asilo. Dos días bastan para recorrer los tres, si uno se ciñe a los pueblos y deja que la caliza haga el resto.
I. Día uno — Saint-Rémy-de-Provence
Empiece por Glanum, la ciudad antigua al pie de las colinas, luego el claustro de Saint-Paul de Mausole donde Van Gogh pintó los lirios y los olivos. Guarde la tarde para el casco antiguo — las plazas con plátanos, el mercado del miércoles, una terraza antes de que caiga la luz.
«Los olivares de aquí tienen el color que Van Gogh les daba — plata, luego verde, luego nada que se sepa nombrar.»
II. Día dos — Les Baux-de-Provence
Suba temprano a la ciudadela de Les Baux, antes de que se llenen los callejones, luego baje a las Carrières de Lumières — una vasta cantera en desuso donde los cuadros se proyectan sobre las paredes de piedra. Almuerce en el valle entre los molinos de aceite, y salga por la carretera del Val d’Enfer.